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EL ESPECTRO DEL CEMENTERIO
Los panteones por el hecho de ser el lugar donde se entierran los cadáveres, es un sitio lúgubre, silencioso, que llena de espanto y pavor, como si alguien nos persiguiera; se volteara de reojo erizándose los cabellos de miedo. Por esto, en los cementerios se enlazan tantas leyendas y los cuentistas sitúan sus relatos en tenebrosos Campos Santos para darles visos de terror a sus fantasías y de tener temblando de espanto a su auditorio. En el Panteón de Guadalupe en la Ciudad de Aguascalientes se han ubicado muchas historias las que cuenta la gente, y tan solo al pasar frente a él, se apodera de las personas un miedo, como si un muerto saliera a perseguirlas.
Una de tantas leyendas que corren de boca en boca, es la que escribió el profesor Alonso Montañés, en la que relata, que el señor Jesús Infante un conocido cantero del lugar fue requerido por Don Carlos Espino para realizar un trabajo, para el muy importante, pues era terminar un monumento familiar en el panteón de Guadalupe, con la suplica que el trabajo debería ser terminado el día que le había fijado Don Carlos.
No pudo gritar, la voz no le salía y sintió que los pelos se le pararon como un resplandor. Volteó hacía atrás, y su sorpresa fue cuando vio un esqueleto que lo seguía y que moviendo las mandíbulas las que sonaba al juntársele los dientes, clarito oyó una voz que le decía: "compadécete de mis penas que me atormentan en el purgatorio; tengo muchos años sin descanso; pide a mi abuelo, padre de tu abuelo de que los doce mil pesos en plata que están al pie de la alacena que está en la cocina a vara y media de profundidad, te dé cien pesos, de los cuales darás cincuenta al padre de la iglesia para que me diga tres misas. Yo te recompensaré dándote el alivio de tu susto.
El cantero platicó a su compañero lo que le había ocurrido el día anterior, y los dos estuvieron trabajando, volteando para todos lados con el temor de que en cualquier momento se le fuera a aparecer el esqueleto que le había hablado y ellos cayeran privados de susto.
Quería hacer el encargo antes de morir, pues realmente se sentía muy enfermo. Después de haber cumplido lo que le había indicado la calavera Don Jesús comenzó a sentir alivio. Poco a poco empezó a sentirse mejor hasta haberse recuperado totalmente. Aquel suceso que le ocurrió le había dejado una huella profunda y cada vez que tenia oportunidad lo contaba a sus amigos. En una ocasión que se lo refirió a un pariente lejano, este le dijo: "hace muchos años le paso lo mismo a Joaquín Sánchez, cuando fue a visitar la tumba de su madre al panteón de Guadalupe.
Al escuchar Joaquín que un esqueleto se acercaba a el, y que de las mandíbulas salía una voz de ultratumba, salió despavorido saltando por la pared del cementerio y como un loco furioso llegó a su casa. Platicó a su mujer lo que le había pasado y desde ese día comenzó a estar enfermo. Solo que a él, no solamente se le paralizaron las piernas sino que quedó lelo, perdió el habla y al poco tiempo falleció". La historia del esqueleto del cementerio era conocida por todo el lugar, no se habló de otra cosa en mucho tiempo siendo una de las tantas leyendas que corrieron por Aguascalientes en el siglo pasado, y que todavía se cuenta en el barrio de Guadalupe, al hablar de ese cementerio. |
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