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QUERÉTARO
Ocupada por los indígenas otomíes en la época prehispánica, la región fue conquistada en etapas sucesivas por tribus chichimecas, purépechas y aztecas. Estos últimos establecieron puestos militares para la vigilancia y control de mercancías y tributos.
Hacia 1531 el conquistador Fernando de Tapia conminó a los caciques indígenas para que se rindiesen pacíficamente, por lo que ambos bandos decidieron efectuar un combate simbólico el 25 de julio del mismo año. Las crónicas de la época mencionan que el combate no pudo concluirse, debido a que al caer la tarde el cielo se nubló y una gran cruz apareció en las alturas atemorizando a los indígenas.
Los personajes relevantes que tomaron parte en la fundación y consolidación de la ciudad fueron en primer término Fernando de Tapia, y un indígena converso llamado Conin y que era homónimo del conquistador. Este individuo, junto con su hijo Diego de Tapia, estuvo al cuidado de la recién fundada villa hasta el año de 1571, en que falleció. Otros personajes fueron el virrey don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, que en 1606 le otorgó a Querétaro categoría de pueblo y título de villa, y don Francisco Fernández de la Cueva, duque de Albuquerque, quien le dio el título de "muy noble y leal ciudad de Santiago de Querétaro". En el siglo XVII, por la bonanza económica que alcanzó la población, fue considerada como la tercera en importancia de la Nueva España.
En el centro, frente al jardín Obregón, se localiza el exconvento de San Francisco construido en el siglo XVI y que aloja al Museo Regional. Posee tres bellos patios interiores y la muestra museográfica que exhibe, abarca la historia de la ciudad. Otros edificios coloniales importantes son: el templo de la Congregación de Guadalupe, construido en 1680 con una sencilla portada en estilo barroco sobrio, y de gran importancia por ser el primero, después del de la ciudad de México, dedicado a la Guadalupana; el templo y exconvento de monjas de Santa Clara, fundado por Diego de Tapia en 1633 y en cuyo interior existen algunos bellos retablos con pinturas de buena calidad, además de la reja del antiguo coro ejecutada en hierro forjado; el templo de Santiago que perteneció a los jesuitas, levantado en 1625 y modificado en 1775 y el templo de Santo Domingo de Guzmán, que también fue convento, se concluyó en 1697.
De las construcciones erigidas durante el siglo XVIII, se conservan el exconvento de Capuchinas, fechado en 1771; el del Carmen de 1759 que junto con el templo y exconvento de San Agustín, son considerados de los conjuntos más interesantes de la ciudad. Del último es notable su hermosa portada con magníficas esculturas, mientras que el convento exhibe su maravilloso patio, único en su tipo, cuajado de una ornamentación barroca plena de simbolismo y fantasía. En este recinto se aloja el Museo de Arte. Finalmente, el más importante, de estos monumentos es el templo de Santa Rosa de Viterbo, sin duda el más rico de la ciudad por su concepción arquitectónica y por la hermosa decoración de su interior que, entre retablos, pinturas y esculturas, muestra sólo una pequeña parte de la espléndida manifestación de las artes en el periodo barroco.
En el campo de la arquitectura civil predominan las edificaciones del siglo XVIII, entre las que se pueden mencionar la Casa del Águila de Oro, con su elegante balcón de hierro forjado en esquina, el Palacio de Gobierno, que fuera residencia de la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez y que se construyó para destinarlo a casas reales y cárceles; la barroca casa que era de la marquesa de la Villa del Villar del Águila, con su bella fachada y su magnífico patio interior; la Casa del Conde de Sierra Gorda, también en estilo barroco; la Casa de los Gatos y la de los Perros, con elementos ornamentales relativos a las figuras de estos animales; la Casa Escala, con su fachada profusamente ornamentada y el antiguo Palacio Municipal.
En los alrededores de Querétaro se encuentra la cercana Villa Corregidora, con su convento franciscano de principios del siglo XVII con su santuario anexo y la parroquia de San Francisco, del mismo siglo.
En las inmediaciones de la Sierra Gorda, al extremo nororiente del estado y enclavados en medio de una abrupta geografía, se localizan cinco buenos ejemplos de misiones franciscanos, todas ellas realizadas al estilo barroco entre 1751 y 1769, bajo la intensa supervisión del célebre fray Junípero Serra, fraile mallorquino que emprendió, junto con algunos otros religiosos, la evangelización de esas inhóspitas regiones.
Las cinco misiones se reparten en distintas poblaciones del área. Así, en Jalpan está la dedicada a Santiago el Mayor; la de Landa de Matamoros a la Inmaculada Concepción; la de Tilaco a San Francisco de Asís; la de Tancoyol a Nuestra Señora de la Luz y la de Concá a San Miguel Arcángel, todas con magníficas portadas hechas en argamasa y en las que es patente la prodigiosa mano artesanal de los indígenas. |
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