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Historia del Mezcal

La palabra Mezcal deriva de una doble raíz náhuatl: metl, agave, e ixcalli, cocinado. Se sabe que en el México antiguo se conoció bien la riqueza nutricional de los magueyes, cuyo corazón o piña suele acumular abundantes almidones que pueden convertirse en azúcar.

Desde hace miles de años se sabe que la piña del maguey se transforma en una materia comestible y que los azúcares contenidos en él podían fermentarse.

Lo que aún no se ha podido comprobar es si la destilación fue conocida en el México prehispánico. Muchos estudios etnohistóricos y arqueológicos han tratado de mostrar que los pueblos originarios dieron con esta técnica y que ciertos artefactos y ollas de barro eran utilizados para este propósito.

La destilación se conoció en el Mediterráneo oriental hace dos mil años, pero aplicada a la elaboración de bebidas espirituosas, tuvo un desarrollo más adelante. El aparato clásico para destilar licores es el alambique, el cual llegó a Europa a través de los árabes y lo trajeron a América para la producción de bebidas.

Motivos políticos, comerciales y sociales impidieron un desarrollo fructífero del Mezcal. Poco a poco, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se empezó a hablar bien del Mezcal, se volvió una bebida interesante y llamativa.

Poco a poco el Mezcal ganó nuevos adeptos, ya que artistas e intelectuales lo tomaron como bandera. Su fama de bebida “fuerte” se extendió por todo México y el mundo entero. Miles de personas empezaron a ganarse la vida a partir de la producción y venta del Mezcal.

Al parecer este movimiento a favor del Mezcal, el cual se entiende que es cultura y sabor reunidos, apenas está comenzando.

Y como dice el dicho “Para todo mal, Mezcal. Para todo bien, también. Y si no hay remedio, litro y medio”.

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