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En esta “casa de piedra”, como se le conoce al[...]
El edificio aparece lleno de humildad, rehúye lo material y se sujeta a lo indispensable. Sin embargo, es digno, elegante y armónico. Cuando lo visitamos, hoy en día, nos llaman la atención sus bajos techos, sus pequeños aposentos, los estrechos pasillos y un patio central que apenas puede dar cabida a un par de árboles afanados en busca del Sol.
El origen de las cuevas se debe a la conformación del terreno, donde se acumuló el material denominado toba, acarreado por los aluviones de los cerros cercanos. Nuevas erupciones en los alrededores y los derrames lávicos la cubrieron. La toba está constituida por piedras como el tezontle, excelente material de construcción debido a su poco peso. Esta roca de origen volcánico sirvió y sirve para erigir muchos de los edificios de la actual ciudad de México.
En la segunda planta se puede ver un mural que representa a San Cristóbal, realizado posiblemente en el siglo XIX. En algunas crujías también hay murales con motivos de ángeles y santos de la cristianidad que, al parecer, fueron hechos en el siglo XVIII. Subiendo las escaleras nos encontramos con una amplia terraza, en cuyo muro posterior se colocó recientemente una escultura prehispánica hallada en los patios del convento. Ésta, según dice la ficha que la acompaña, corresponde a la diosa madre; por su estilo podemos inferir que fue labrada en la época Posclásica: tiene una horadación en el vientre, por lo que puede considerarse una deidad relacionada con las cuevas del sitio. Hacia el frente, siguiendo este segundo nivel, llegamos a la capilla abierta, y desde la triple arcada, repetida en el pórtico, podemos apreciar una amplia vista del atrio.En esta “casa de piedra”, como se le conoce al[...]