Llegamos a Puerto Peñasco, Sonora, para embarcarnos en un crucero exclusivo del buceo que nos llevaría a través de las poco conocidas y fotografiadas islas del norte del Mar de Cortés. Se trata de hacer cuatro inmersiones diarias, un viaje que dura casi una semana.
Ésta es una embarcación de poco más de 30 metros de eslora y equipado con diez camarotes para albergar a veinte personas, más la tripulación. Es de llamar la atención el área para los equipos para el buceo: un compresor para mezclar gases y poder utilizar nitrox, que es una mezcla con un porcentaje de oxígeno más alto para los tanques, con el que es posible permanecer más tiempo en el fondo; también posee una mesa especial para los equipos de fotografía con pistolas de aire para secar las cámaras y cambiar baterías y tarjetas de memoria con seguridad.

Este maravilloso viaje incluía la Isla Ángel de la Guarda, al este de Bahía de los Ángeles, separada de la Península de Baja California a la cual pertenece, por el Canal de las Ballenas, la Isla Vela (llamada así por su forma que asemeja la vela de un barco); Bahía de los Ángeles, que se encuentra en la costa de Baja California norte; Bahía del Pescador, también localizada en la costa de Baja; la Sal Si Puedes (llamada así por sus montañas submarinas que se encuentran a pocos centímetros bajo la superficie y que han ocasionado muchos accidentes náuticos); Isla Ánimas e Isla San Pedro Mártir, que fue una importante mina de guano en tiempos de la Conquista, en donde literalmente los esclavos eran enviados ahí a trabajar hasta su muerte.
Todas estas magníficas ínsulas aparentan ser lugares extremadamente áridos a primera vista y con muy poca vida, pero basta con esperar el atardecer y estas “solitarias” costas se convierten en un hervidero de aves que llega de todas partes para pasar la noche.
Los diferentes islotes forman canales entre algunas de las islas y protegen del viento, navegando en agua extremadamente calma, como si se estuviera en una laguna y no en el mar. Lo más hermoso fue ver una numerosa colonia de lobos marinos que nos recibieron con aullidos que hicieron eco en los riscos resonando con fuerza. Este es un verdadero paraíso lleno de vida, que cambia constantemente con la posición del sol y la temperatura del día.
El Mar de Cortés es como un laboratorio natural, ya que al aislarse casi por completo del Pacífico, permitió que la vida evolucionara casi de manera única, permitiéndonos observar mucho endemismo, sobre todo al norte, que es la parte más aislada con respecto al Pacífico.


